
Los que se quedan tras la frontera
“Los mojados”, es así como se les ha denominado comúnmente a los mexicanos que emigran a Estados Unidos en búsqueda de un empleo o si acaso de uno mejor remunerado. Hoy en día, nadie en México se extraña al escuchar este término e incluso se utiliza con cierta naturalidad en el habla coloquial, pues muchos hemos sido familiares o conocidos de alguien que ha cruzado la frontera de manera ilegal. La situación del “mojado” también ha sido abordada en el cine, donde lo que predomina es el intento por reflejar la angustia y el peligro que corren los que se van: la mafia de los “polleros” —otra palabra ya muy común—; el terror de las border patrols que persiguen con sus reflectores a los emigrantes, quienes huyen como ratones a esconderse tras las rocas o matorrales. Al concentrarse tan sólo en este aspecto, pareciera que la vida del mexicano que emigra a Estados Unidos comienza ahí, justo en el instante en que cruza la frontera, en que se “moja” al atravesar el Río Bravo. El concepto del “mojado” evoca ese momento y lo congela: no hay un antes ni un después, una historia o un futuro, quizás el regreso a la tierra abandonada. Una vez que han cruzado, “los mojados” se pierden entre las grandes ciudades estadounidenses. Sin embargo, sus familias, los que se quedan, los que esperan, los que extrañan, son las piezas principales de esas historias que se pierden entre lo que palabras como “mojados”, “indocumentados” o “ilegales” sugieren. Son precisamente historias de vida, lo que Juan Carlos Rulfo rescata en “Los que se quedan”, su último documental, en donde no hay escenas o imágenes que muestren al migrante cruzando el Río Bravo siendo perseguido por la policía estadounidense o abandonado por los “polleros”, sino testimonios que otorgan individualidad a cada migrante y a su familia, que profundizan en el tema de la migración al dar a conocer el contexto en que ésta se produce, y al hacerlo, logra que estos mexicanos dejen de ser personajes encarcelados en un solo momento, en un instante: el de cruzar la frontera. Lo que se tejen son historias, todas distintas y únicas, algunas más exitosas que otras pero que finalmente se entrelazan por la condición del desplazamiento. Así, las sombras, las siluetas de los que se van, y que apenas se distinguen entre la oscuridad de un peligroso desierto, se iluminan con las voces y la vida de los que se quedan.
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