domingo, 24 de enero de 2010

El hogar de la música


La fiesta de esa noche en el puerto veracruzano terminó con el son montuno, ritmo cubano que viajó desde el caribe hasta México transportado por el mar. El Portal de Miranda, a unos metros del zócalo, se convirtió por unas horas en una pista de baile, y aunque los músicos hicieron esperar a la concurrencia, una vez que la guitarra, el bajo, el saxofón, los timbales y bongós comenzaron a sonar, las parejas no dudaron en mostrar a aquellos que sólo observábamos, su repertorio de pasos y vueltas, que junto con las vueltas del humo de los puros que algunos disfrutaban, nos envolvían a todos en un espiral donde el tiempo parecía haberse detenido e incluso retrocedido: “Huele a otros tiempos, al pasado”, alguien comentó. Entonces la música de ese instante se mezcló con los recuerdos de los instrumentos que esa noche también había escuchado: las marimbas, jaranas, violines, arpas y las voces de los decimistas en el malecón, acompañadas del sonido de las olas de ese mar del que tantas veces he escuchado decir con desdén: “no es muy bonito”. El eco de la música que había dejado la danzonera que inauguró la fiesta y de los pasos de los bailarines de danzón que apenas tocan el piso cuando se mueven, impregnaban todo el ambiente, y el olor del mar se mezclaba con el del café, el tabaco, y el de los viejos edificios. Ese mar es la esencia del puerto, y en el vaivén de sus olas también hay música.

sábado, 23 de enero de 2010

Titeretear: soñar la vida, vivir el sueño

Situada en una pequeña calle que por su angostura se asemeja más bien a un callejón, en la colonia El Reloj al sur de la Ciudad de México, la casa de la artista Guadalupe Ocampo es también el hogar de unos pequeños seres a los cuales me he propuesto conocer. El intenso sol del mediodía contrasta con la sombra que desde una ventana abierta apenas me permite ver una silueta, escucho algunas voces, me acerco a la reja y distingo a Guadalupe que al percatarse de mi presencia sale a recibirme. Delgada, de cabello largo y rojizo, con un vestido de tonos cálidos que hace una combinación perfecta con la calidez de su trato y su jovialidad, me invita a pasar a su taller, donde me encuentro con su pareja, también artista, y veo sobre una pequeña mesa de madera partes de esos seres a quienes busco; entonces pienso que ya estoy también del otro lado de la ventana, cerca de los creadores de estos fantásticos personajes: los títeres.
—¿Cómo fue que te iniciaste en el arte de los títeres?
—Desde niña, en las reuniones familiares hacía que mis primos se aprendieran los papeles, pero a la mera hora les daba miedo y ya no querían actuar. Entonces yo tenía que representar la obra con todos los personajes, por eso los títeres me fascinan. No tengo que esperar a ver si se animan a hacer las cosas o no, ellos actúan —dice orgullosa, con un tono que refleja lo satisfacción que siente de tener un trabajo que le permite ser independiente. Mis papás nos llevaban todos los domingos a la Casa del Lago, en Chapultepec, a ver al “Señor Guiñol”, que fue Roberto Lago, un gran titiritero. Se me quedaron grabadas las imágenes de los títeres y la calidad de las funciones, eso quedó en mi consciente e inconsciente, y después la obsesión fue el teatro, en la prepa 5 empecé formalmente, después estudié la carrera en Bellas Artes, tengo más tiempo de actriz que de titiritera.
—¿En qué tipo de títeres te has especializado?
—He hecho más títeres de guante, pero hay una infinidad de tipos de títeres: de varilla, bocones, títeres de hilo (llamados marionetas), mojigangas —Guadalupe parece no olvidarse de ninguno, lo que demuestra su experiencia en este arte—. También hay títeres objeto, nombrados así porque cualquier elemento, al hacerlo actuar en un espacio, se vuelve títere, incluso algo como una grabadora. Ahora quiero empezar con la técnica de hilos, que es más difícil y con los mecanismos, para que cierren los ojos, abran la boca o muevan las orejas, incluso hasta combinarlos con robótica —cuenta emocionada, mientras que con un cúter da forma a los huesos de una calaca, entonces me doy cuenta que en el mundo de los títeres reina la creatividad, así que le pregunto:
—¿Has escrito obras para títeres? ¿Qué temas has abordado en ellas?
—Sí, lo que he escrito ha sido con algún tipo de finalidad, como las que hice sobre prevención de violencia intrafamiliar y en el noviazgo, prevención de adicciones, realicé una sobre los alebrijes y obras psicológicas. Me han contratado en delegaciones, como en Xochimilco, para hacer obras que les enseñen a las personas cómo cuidar el espacio donde viven, y en Tlalpan, para motivarlos a cuidar a las especies que tienen a su alrededor y el agua.
—¿Por qué crees que los títeres funcionan como un medio didáctico?
—Lo que pasa con los títeres y con el arte es que entra directamente al inconsciente o a nivel emocional, como la música. Al relacionarse los títeres con el mundo infantil, la gente quita la barrera inconsciente de que algo le hace daño y entonces les emociona pero al mismo tiempo reciben la información. En las obras trato de buscar que haya algún tipo de catarsis, me gusta mezclar las emociones con el arte.
—¿Cómo es el proceso de crear un títere?
—Una forma es tener un tema ya definido, y saber con cuántas manos cuento, si voy a estar sola o estará alguien conmigo, así sé cuántos personajes voy a crear. Después hay que pensar en el material para hacerlos, ya sea en espuma de poliuretano y tela, vaciado en látex, o vaciado en espuma de poliuretano. A Mireya Cueto, una de las mejores titiriteras mexicanas, le gusta la técnica de papel maché y el reciclado. Este proceso es a partir de que ya hay una obra, pero hay otra manera: cuando de repente un títere decide que quiere nacer, te encuentras cosas y les ves cara de títere, empiezas a construirlo, lo miras y te preguntas: ¿ahora qué voy a hacer contigo? Entonces le creas una obra, o lo metes a actuar en algún lugar —el tono de Guadalupe al describir este proceso es lúdico, juega con la posibilidad de concederle voluntad a estos magníficos seres y me convence, los procesos de creación que describe son en verdad distintos: Ahí el títere fue el que decidió que quería estar en el mundo artístico. Los títeres se vuelven como actores que de pronto tienen otro papel en otra obra o hasta en comerciales y ya sólo cambian de vestuario, a veces tienen más trabajo que uno —dice entre risas, y me percato de que los títeres son ya una parte muy importante de su vida.
—Me imagino que les tienes un cariño especial a tus títeres. ¿Cuál es tu favorito?
—Mi títere favorito se llama “el rano cubano” y le tengo un cariño especial porque cuando yo creé esos títeres estaba en un proceso de transición muy importante en mi vida, tenía que definir hacia dónde iba y qué quería. El títere lo hice en España junto con un vampiro, un murciélago y un “ardillo”. El “rano” es un presentador, me ha acompañado en todos mis espectáculos desde hace cinco años que fue cuando empecé en este oficio —la compañía de la que habla no sólo es física sino espiritual—. Mis títeres están conmigo siempre, los tengo en una cómoda, en mi cuarto, en el techo, en todas partes.
—¿Todo lo que has escrito es para títeres?
—Sí, excepto una de mis obras, está muy difícil hacer teatro en México, ya que el salario, por llamarle así, que uno tiene en el teatro no alcanza, tienes que estar dando clases, actuando o intentando hacer comerciales. Reunir a más de dos personas, e incluso dos, para hacer una obra de teatro es muy complicado. Entonces, además de que me fascina el mundo titiritero, ha sido la mejor opción que he encontrado para poder trabajar.
—¿Sí puedes vivir de los títeres?
—Completo con eso, y estoy segura que podría vivir de eso, pero se me dificulta porque tengo a mi hijo, así que me divido entre ser mamá, maestra, actriz y titiritera —para Guadalupe la maternidad es tan importante como su carrera—. Si estuviera más clavada en esto sí podría vivir de ellos. Tengo mi compañía de títeres, “Titeremarometeando”, casi siempre es de una persona o dos, ya que esto nos permite viajar, es bonito porque puede llegar a ser una vida muy gitanesca, ese es uno de mis sueños, por cierto, en la noche salimos a Zacatecas, vamos al Festival Internacional de Teatro de Calle.
—¿Qué diferencia hay entre ser actriz y ser titiritera?
—Como actriz debes lograr ser un ente orgánico que transmita las emociones y las vivencias al público, como titiritera la transmisión debe lograrse a través del títere, desplazas lo que está haciendo tu cuerpo a ese ser, y tienes que transmitir emociones a través del manejo del títere, ya no eres tú sino él, adquieres una gran responsabilidad porque si no te conectas con el muñequito, entonces se ve falso, se ve muerto. A mí me divierte porque en una misma obra aprovecho mi polaridad, puedo hacer varios personajes, dos o tres, a veces alguien te sostiene los títeres y tú les das la voz, aunque también puede haber un títere sin voz, que es algo que me interesa mucho, hacer obras donde no haya necesidad de hablar, donde todo sea música e imágenes, porque así en cualquier lugar del mundo puedes transmitir algo —dice emocionada, convencida de las posibilidades de llevar sus títeres a otros lugares y de formas distintas.
—¿Qué se necesita para ser titiritero? ¿Qué hay en común entre los titiriteros?
—Muchas ganas de crear y poca capacidad de relacionarse con los otros —dice entre risas, algo apenada, aunque esto no le impide ser sincera—. Es una característica del titiritero ser un poco huraño, cuesta trabajo la convivencia, y lo he visto no sólo en mí sino en muchos de los titiriteros. Es difícil trabajar con personas porque cada una es un mundo, los títeres en cambio hacen lo que tú quieres —ríe— y te acompañan, ellos no te reclaman cosas, eso es bonito.
—¿Te ves dedicándote a esto toda la vida?
—Sí, mi personaje a seguir es Mireya Cueto, tiene 87 años y lo sigue haciendo, me quiero ver así, como esa guerrera, es un gran ser humano del que tengo que aprender mucho. Ser titiritero es la vida, duermes y sueñas con títeres, con las obras, no es una profesión de la que te olvidas al llegar a casa, es tu vida.
Guadalupe es una artista que ha sabido cómo hacer realidad sus sueños, el mundo de los títeres es algo fantástico, como un sueño que se materializa gracias a la posibilidad de crear y al mismo tiempo de seguir soñando.